Me siento frente al espejo
mentiroso, destellante por el reflejo de
un viejo con pelo nevado parejo, y barba selva; misteriosamente plagada de
cúmulos. Su diestra, no pesa tanto ya, sirve el ocre del bastón como pilar,
remplazo de la fuerza jovial que dejó en el último cajón, donde la memoria ya
no paró. Portado con sutileza, no para reposar sus huellas, sino para enfatizar
su presencia, para poner fuerza sobre los actos de flaqueza humana.
¡Qué porte anciano!, al tejer una
red en tu mano para ese habano, esa mano zurda del diablo, que tantas glorias
te ha alcanzado; desde la pintura hasta la escritura, y esas tardes de
ocaso, paseando en la cueva de tu helena
musa de altura.
¡Qué años anciano!, pero no te
llenes de melancolía recordando, que si cargas de lluvia tus ojos, mancharás tu
grueso saco estampado.
¡Qué estampa anciano!, tu
albornoz abigarrado elegante, discreto pero excéntrico, armonioso a tu figura
fina, arrugada crepe a mano de las primaveras muertas, unas desperdiciadas,
pero muchas aprendidas.
¿Cuántas veces apagaste tu mente
para prenderla en otro lado? Con un vaso de whisky reposando a tu costado, como
en estos años, sino fuera por tu cara marcada, por tus veredas de hojas muertas juraría que por tu figura no ha pasado el
tiempo desnudo.
¡Qué vida anciano!, recuerdo el
futuro que no has pisado, rompiendo la jaula de los peces que aún no has
pintado, siempre quitándote la boina en despoblado.
Es tiempo ahora de quebrar el
encanto, saca tus canicas y elimina el marco, rompe ese reflejo saturado, para
correr a su lado. Juega en el callejón que dejaste en el pasado; muerde de
vuelta esas piernas, que un día te dieron resguardo, quítate la dentadura
postiza y pégate los dientes de leche, degustadores de tiernos senos, sin
esperar ser amamantado.
¡Súbete a la bicicleta anciano! Y
siente de nuevo el aire corriendo, rompiendo las cataratas de tus ojos, las
cenizas del volcán pegadas ahora en tu pelo cano.
Ahora, anciano, puedes reposar,
descansado porque te has atareado, echa tu cobija al calor de la chimenea,
despeina tus esperanzas, que ya han estado muy atadas.
¡Corre anciano! Saca los carros
de lata, los soldados de plomo y el corazón del baúl, ponte el chupón de nuevo; todo ha sido un
sueño, jamás cruzaste esa sala del tiempo. Lo estás dudando anciano, es lógico,
sabes que al intentarlo, borrarás tus años dorados, tus logros celebrados, tus
amores conquistados. No eres tonto anciano, sabes lo que en ti ha vivido, bueno
o malo, te seguirá hasta que seas cremado.
Pero ya hablaremos de eso anciano,
en otro de tus reflejos inesperados, por hoy, los dos estamos cansados. Anda,
pon fuego a mi tabaco, ven; recuéstate a junto a mí, descansa en paz, que
aunque mañana nos cargan, la caminata será larga para reposar en nuestro último
lugar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario