jueves, 28 de febrero de 2013

LA CUEVA PREFERIDA

Siempre me encuentro el en mismo lugar para: escribir, dibujar, soñar, o simplemente liberarme. No es que quiera se vuelva manía, de esas cosas que se hacen; mecánicas y sin respirar o degustar el aire. 


Pero si me encuentro aquí es por dejar parte de mí, es la silla de plástico amarillento por los años; en la mesa sabor cocina casera, rodeado de gente menos común que yo. No es por más el mejor lugar, padezco casi siempre por que me sirvan vino, a la comida le falta sal. Tiene algo que sobrepasa el nombre, no he de mentir es lo que me mantiene aquí, sin dejar de lado el paisaje de personajes que desfilan frente a mis ojos, ¡de tantas formas y colores! 



Rinocerontes corriendo del cazador; pájaros volando con su jaula, delfines en busca de agua, leones domesticados por los corderos, buitres planeando la zona, asqueados de la carroña, ruiseñores maltratando su canto por migajas. Parece como si el arca de Noé hubiera... hubiera estacionado su camino por un momento.



Necesito solo, cerrar unos segundos los ojos; para que lleguen gotas dosificadas a llenar mi vaso de licor, desde alguna carreta vieja; jalada por un matrimonio de asnos franceses, pastando en tierras romanas... ¡tan bien educados están!




Abro los ojos, me ladra el perro que me acompañará junto con mi soledad en la vejez. De bizarra altura y galantería al caminar, altivo como el mismo negro de la noche sin luna, con orejas puntiagudas, capaces de escuchar la voz de las moscas; de ojos azules llenos de feroz comprensión, su pelo largo como cascada corre hasta su cola fina y larga; su trompa, afilada y lista para beber leche. Toda la figura de un lobo educado por las normas naturales de su instinto reprimido... ¡Qué bello compañero, tenemos soledad y yo!


Es tiempo de pagar lo que ahora me repone, y calmó el temblor de mi mano izquierda.