sábado, 24 de noviembre de 2012

MUSA DE TODOS, MUJER DE POCOS

Del músico busca; tener un lugar entre sus cuerdas, en su piano, busca un techo a los sueños que ha extraviado, espera volar entre su voz al canto, cual ave de paraíso. Todo a cambio de una noche en su regazo, bajo las sábanas del intelectual osado.

Del poeta anhela versos, una prosa que inmortalice el veneno de su cuerpo palabras conjugadas y perfectas cómo la silueta de si espalda revuelta, entre suspiros de deseo y caricias de fuego, a cambio de una tarde en su regazo, sobre el cuerpo del intelectual osado.

Del pintor desea; pasar las fronteras del tiempo en un lienzo nada superfluo, que se sepa quien es, en el anonimato de su cabello, ser mojada entre su pecho con un óleo nuevo, que ha sido guardado para un gran retrato, tal vez de una reina, puede ser de una diosa. Pero el artista lo prepara para su musa de altura engalanada, todo a cambio de una mañana en su regazo, entre las piernas del intelectual osado.

Del escultor quiere; ser molde de hielos derretidos al esculpir de su alma, arcilla dorada para alas desplumadas, cincel tembloroso como en su primer trabajo para un íntimo salón. Todo a cambio de una madrugada al filo de la almohada del intelectual osado.

Mujer de uno sólo; ni pintor, ni escultor, no sabe hacer versos, ni en el piano cumplir deseos, es un humano destacado entre los adornos de su tiempo, resplandeciente por sus sentimientos. Le envolvió en papel transparente todos los deseos, que desde su infancia la acosaban, se los entrego en un beso eterno.