Soy malo sepultando almas, pido plumas prestadas para intentarlo, y no sentirme tan desahuciado entre mares de cuerpos fingiendo estar vivos; a gritos de carcajadas falsas, con sonrisas adquiridas a bajo costo en fin de temporada, con poses para quienes dicen: admirarlos y desearlos.
Esos cuerpos; que se fijan en el costo y no en el valor sabor del vino, que voraces cómo bestias drogadas, consumen mierda chapada en oro, para disfrazar el sabor de los gusanos atrapados en el bocado; adoradores del ser muerto y frío, del bien vestido maniquí. Apaciguan sus sueños en el pobre metal y papel marcados por signos de supuesto valor, forjan el anhelo de una falsa cumbre de dicha.
Los observo desde mi sombra rota, en cuando me asomo, a la luz y no me deslumbro, me ciega la arrogancia de supuestos triunfos, no escucho a sus falsos dioses. Lloro de sus alegrías y sin evitarlo río con sus penas; ¡Seguro hacen lo mismo desde su ventana cuando me ven salir! y lo juro por mi Helena, que no por despecho a cobrarles lo hago.
Mi juez no es el mismo que los condena a ellos, su soberbia los pone como propios jueces; similares a las ratas que devoran a sus críos... Así se comen entre ellos, se van entre las fauces del tiburón siendo la mas selecta carroña, pero al fin CARROÑA.
Perdón no tengo que pedir por el sangrar de sus ojos, pide perdón quien se dispone a remediar, y ustedes mis cuerpos muertos jamás remediaran por más que quiera. No porque así lo deseé, pero sus pasos los tienen a plomo, enrielados hacia su propia suerte, aferrados a no salir de las vías de su "felicidad".
¡Hasta pronto mis muertos! Los dejo posar para el retrato; tan real, como sus ganas de aparentar. Pronto se enmarcaran en la desesperación llegando al precipicio, del que no podrán escapar.
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